La pasada Cumbre del Clima de Belém COP30 (Brasil) ha vuelto a dejar unos resultados calificados de insuficientes no solo por los activistas del clima, sino también por buena parte de los países allí presentes y de los científicos, que insisten en que los compromisos alcanzados no están a la altura del desafío que supone el cambio climático, tanto para el medio ambiente como para las propias sociedades humanas, cada vez más amenazadas por el aumento de fenómenos extremos tales como sequías, olas de calor, inundaciones, incendios o huracanes.
Este es el resumen de las principales decisiones de Belém:
- Incorporación de 59 indicadores globales que servirán para medir los avances en adaptación.
- Un acuerdo para triplicar los fondos de adaptación en 2035.
- Creación del nuevo Fondo de los Bosques Tropicales para Siempre (sin asignación definida).
- Reconocimiento reforzado del papel de los pueblos indígenas en la protección forestal.
- Lanzamiento de una nueva coalición global para estandarizar los mercados de carbono.
Pese a que hablamos de unos acuerdos poco ambiciosos, que además no incluyeron la demandada hoja de ruta para el fin de los combustibles fósiles, no debemos caer en el error de pensar que estas cumbres “no valen para nada”, como afirman sus mayores críticos.
En primer lugar, porque la emergencia climática es un problema global y requiere forzosamente un diálogo a este nivel para ser abordado con garantías. Por otro lado, esta necesaria conversación entre países siempre produce resultados más allá de lo plasmado en el documento final, y uno de los más evidentes es que la mayoría de las naciones, así como sus sociedades civiles, son conscientes del problema.
Diez años de París
Por último, estas cumbres deben mantenerse porque también posibilitan, en ocasiones, avances efectivos contra el cambio climático. Hoy es un buen día para recordarlo, porque este 12 de diciembre se cumple el décimo aniversario del Acuerdo de París, que fue alcanzado en la cumbre del clima que acogió la capital francesa en el año 2015. Dicho tratado, firmado por 194 países, supone un histórico punto de inflexión.
Por primera vez, la comunidad internacional acordaba en este documento su objetivo de mantener el incremento de la temperatura media del planeta por debajo de los 2ºC respecto a los niveles preindustriales, así como hacer los esfuerzos suficientes para no rebasar los 1,5 grados con el fin de evitar las peores consecuencias del calentamiento global.
Más allá de este compromiso, el Acuerdo de París también ha influido en un aspecto que consideramos crucial desde Vientos de Futuro, como es el fomento de las energías limpias basadas en fuentes renovables, como la energía eólica. Los datos son incontestables, como ha señalado la ECIU (Unidad de Inteligencia sobre Energía y Clima, según sus siglas en inglés), ONG británica cuyo objetivo es promover el debate informado sobre energía y cambio climático.
Como remarca un reciente estudio de dicha entidad, en la que participan científicos y expertos en política energética, además de economistas y parlamentarios: “Hace una década, se preveía un calentamiento global de aproximadamente 4 °C para 2100; hoy, esa proyección se acerca a los 2,6 °C”.
“Este cambio refleja un aumento extraordinario en el despliegue de energías limpias, marcos de políticas más sólidos y la integración del cero neto como objetivo global común para abordar el cambio climático. Aún se necesitan más avances, pero ya los ha habido”, insisten desde ECIU.
La ONG recuerda que, en 2015, el informe Energy Outlook de la petrolera BP predijo que la participación global de las energías no fósiles en la generación de energía aumentaría modestamente del 32% ese año al 38% al final de su período de pronóstico en 2035. Para 2024, la generación no fósil ya representaba más del 41% del suministro de energía global, lo que representa un mayor progreso en 10 años de lo que se había pronosticado en 20.
Paralelamente, “las energías solar y eólica han superado con creces las expectativas: el mundo instaló 553 GW de energía solar solo en 2024, superando en más del 1.500% las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para 2015. La capacidad solar mundial total es más de cuatro veces superior a la prevista en 2015 y se duplica cada tres años. Las energías renovables acaban de sustituir al carbón como la principal fuente de generación de electricidad”.
También se ha experimentado un importante incremento del empleo en energías limpias hasta alcanzar los 36,2 millones de trabajadores a nivel global, superando a los trabajos generados en petróleo, gas y carbón, así como a los de fabricación de motores fósiles (32,1 millones entre todos).
No obstante, según un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en 2024 la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera experimentó un incremento sin precedentes y marcó un nuevo máximo. Como consecuencia, las temperaturas del planeta proseguirán con su escalada durante más tiempo.
Por otro lado, las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) procedentes de combustibles fósiles alcanzarán en 2025 un nuevo récord de 38.100 millones de toneladas, un incremento del 1,1 % respecto al año anterior, según el informe Global Carbon Budget 2025, publicado por el consorcio internacional Global Carbon Project.
En conclusión, podemos afirmar que hay un antes y un después del Acuerdo de París, tanto en lo referido a la lucha contra el cambio climático, como en la expansión de las energías renovables, que son fundamentales para pasar la página de los combustibles fósiles, principales culpables del calentamiento global.
Para conseguirlo, vamos a necesitar mucho diálogo y acuerdo, tanto entre los países que componen la comunidad internacional como dentro de los territorios en los que se implantan de manera efectiva las renovables, con el fin de garantizar una transición energética justa, tal y como reivindicamos desde Vientos de Futuro.



