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La energía del cambio: cuando el viento impulsa también a las personas

La energía del cambio: cuando el viento impulsa también a las personas

La energía del cambio: cuando el viento impulsa también a las personas

Carlos Rubio López, socio fundador de Siembra Energía Social, organización adherida a nuestra plataforma Vientos de Futuro, nos explica en este artículo las principales claves de la segunda versión de la ‘Guía de Buenas Prácticas Sociales para el desarrollo de proyectos renovables’, donde se pone el acento en la necesidad del diálogo, los acuerdos justos y el desarrollo de manera responsable de los proyectos para que convivan con los usos tradicionales en el entorno rural.

Durante las últimas dos décadas, España ha instalado más de 50 GW de energía renovable siendo clave la expansión del desarrollo eólico y solar fotovoltaico. Gracias a ello, en 2024 más del 56% de la energía eléctrica de país era producida con energías renovables. Mientras escribo este artículo ojeo mis viejos anuarios energéticos. Me asomo al informe del año 2005: hace 20 años tan solo lográbamos producir un 15,8% de nuestra electricidad con fuentes renovables.

En un periodo muy corto de tiempo hemos visto cómo nuestros pueblos han empezado a recibir proyectos renovables, lo cual en ocasiones ha generado tensiones en algunos territorios. Además, es necesario seguir desarrollando nuevos proyectos, ya que hoy la dependencia energética de nuestro país supera el 65%, incrementando la fragilidad de nuestra economía. Tenemos un dilema energético y tenemos que explorar, innovar y, sobre todo, socializar cómo lo superamos.

El mayor desafío ya no es tecnológico, sino social

Hace ya más de tres años publicamos nuestra primera versión de ‘Guía de Buenas Prácticas Sociales para el desarrollo de proyectos renovables’: un documento sencillo que marcaba las claves de la integración de los proyectos en el territorio. Ahora, finalizando el año 2025 reeditamos la Guía para adaptarnos mejor a cómo ha evolucionado el sector. Cada día nos enfrentamos a mayores retos, siendo el social el de mayor urgencia para garantizar que la transición energética sea justa y responsable. A continuación, compartimos con vosotros algunas claves de esta nueva edición.

Territorio vivo, no vacío

Con permiso de Sergio del Molino, autor del célebre término, en Siembra solemos repetir que la “España vacía” no existe. Demográficamente puede parecerlo, pero en términos de uso del suelo, nuestro país está lleno de vida y actividad.

Según el proyecto europeo CORINE Land Cover más del 80% de nuestro territorio sustenta una actividad agrícola, ganadera y forestal intensa. Por ello, el desarrollo de energías renovables debe encajarse en este mosaico de usos tradicionales del espacio e integrarse de la mejor manera posible.

Esto exige gestionar intereses, definir acuerdos justos y desarrollar de manera responsable los proyectos para minimizar el impacto social negativo y maximizar el valor generado para los municipios que reciben los proyectos. Las energías renovables, si se implantan con sensibilidad social, pueden ser un motor clave para el desarrollo rural, para frenar la despoblación, y para aprovechar los recursos locales.

Diseñar con las personas en el centro

Uno de los conceptos más innovadores del documento es el de Social by Design (SbD), o “diseño social desde el origen”. Este enfoque propone que las empresas incorporen la variable social desde la fase más temprana del proyecto integrando estudios de prefactibilidad socioambiental y aplicando un análisis multicriterio que incluya factores sociales en la toma de decisiones. Buscamos con ello introducir los claves sociales que permitan minimizar el impacto social generado.

Diseñar de manera socialmente responsable no solo mejora la convivencia, sino que también aumenta la aceptación social y previene la generación de conflictos. Si se planifica con inteligencia y participación, la energía renovable puede convertirse en una palanca de desarrollo rural generadora de empleo e ingresos municipales, a la vez que impulsora de nuevas oportunidades económicas para los territorios.

Estudios sociales especializados

Además del diseño socialmente responsable, es esencial entender el contexto socioeconómico y territorial. El área de influencia de un proyecto debe quedar muy bien definido, en la relación con los diferentes grupos de interés, y planificado. Este tipo de estudios son de carácter obligatorio en muchos países, pero en España el desarrollo de proyectos renovables se ciñe exclusivamente a la óptica ambiental.

Un ejemplo del cambio que estamos viviendo, es la reciente Ley 2/2024 de Galicia, que introduce un enfoque exclusivamente antropocéntrico y obliga a cuantificar el impacto social, el valor y la gestión del territorio en los proyectos que aprovechan recursos ecosistémicos.

Transparencia y participación

Los proyectos ya no se pueden desarrollar sin disponer de espacios de transparencia y de participación. Cuando el desarrollador no responde las preguntas de los vecinos, otros son los que las responden, y en ocasiones esas respuestas son erróneas.

Por ello, debemos desarrollar proyectos excelentes y defenderlos estando presentes en el territorio en cada una de las fases del proyecto. Una buena práctica es el uso de herramientas como Social Hub, donde los proyectos disponen de canales de comunicación con el territorio y espacio para compartir la información clave de los proyectos. En el año 2024 más de 10.000 personas accedieron a la herramienta para consultar la información más relevante de los proyectos que se proyectaban en sus territorios.

Operar con compromiso

Una vez construidos, los parques eólicos y solares permanecen décadas en el territorio. Durante la fase de operación debe mantener viva la buena relación con la comunidad. Esto empieza por cosas básicas como priorizar la contratación de personal local y el buen relacionamiento con los grupos de interés.

También se puede maximizar el impacto social positivo a través de la generación de redes de cadena de valor local. Pero el vínculo real se genera a través del despliegue de acciones de valor compartido con el territorio. El objetivo no es repartir ayudas puntuales, sino crear inversión social sostenible y recurrente, con impacto real y duradero. El error más frecuente es confundir “gasto social” con “inversión social”. Lo primero alivia, lo segundo transforma.

Un reto de todos

España se enfrenta al reto de duplicar su potencia renovable en los próximos diez años y reducir con ello nuestra dependencia energética.  Sin aceptación social no habrá transición energética posible. La energía limpia debe traducirse en progreso compartido, en nuevos horizontes para los pueblos que hoy sostienen con su territorio y sus recursos nuestro progreso.

Al fin y al cabo, el viento solo será de futuro si sopla para todos.

Autor: Carlos Rubio López, socio fundador de Siembra Energía Social.

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